La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo En una capital de provincia se dan dos tipos de abogados. El uno es un señor serio y grave, con familia numerosa, bien vestido; el otro es un hombre soltero que vive en una casa de huéspedes, en un cuarto lleno de papeles desordenados, y que a veces bebe abundantemente y charla en el café. Puede ser que los dos abogados no sean ninguna gran cosa y que sus discursos sean lo corriente; pero la mayoría se inclina a pensar que el hombre de la casa de huéspedes, desordenado, es el hombre de genio; que el otro es sólo trabajador. Nadie sabe qué es eso del genio, ni si existe de verdad o no.
Muy lejos del lombrosismo está la teoría de Buffon: «El genio es la paciencia». Esto no tiene sentido. O es que en su tiempo la palabra genio no significaba lo que significa ahora, o es una tontería. Con el criterio actual, nadie dirá que un pendolista muy trabajador sea un genio.
La idea actual del genio, falsa o verdadera, es que es un monstruo.
En política, Napoleón, Dantón, Saint-Just, Talleyrand, son monstruos.
En literatura, Byron, Shelley, Heine, Leopardi, Dickens, Dostoyevski, lo son también.
Y lo mismo lo son en música Beethoven, Schumann, Wagner, y en filosofía, Kant, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche.