La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo La serenidad de los historiadores no existe. En general, son más apasionados que los poetas y que los dramaturgos. No son casi nunca imparciales ni en las ideas ni en los datos. Hay que desconfiar más de la veracidad de un libro de historia antiguo que de un tomo de poesías o de una comedia del tiempo.
Nadie sabe nada. Nadie conoce el mecanismo del universo, y lo más probable es que no se conozca nunca. La razón de su existencia, si es que la tiene, ésa no se puede saber ni se sabrá jamás. La idea misma de la razón es una idea humana. Hablar como ha hablado Bergson del élan vital es una fantasía sin ningún valor. Todas ésas son palabras o, a lo más, poesía.
Tampoco se ve muy clara la eficacia del pragmatismo. Si todas nuestras ideas son utilitarias, como en el fondo lo son, ¿para qué destacar el carácter utilitario de nuestros conceptos?
Si hay filósofos que aseguran, probablemente con razón, que la vida está basada en el egoísmo, ¿para qué predicar el egoísmo? Si existe, si es el fundamento de la existencia, ¿qué objeto tiene la predicación?
La ciencia moderna, dice Nietzsche en la Genealogía de la moral, es el mejor auxiliar del ascetismo.