La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo En Alemania se ha dado el fenómeno curioso de que durante años y años un escritor tan agudo y penetrante como Schopenhauer haya quedado en la sombra ante un profesor sofístico y palabrero como Hegel.
Los años transcurrieron, y ya no interesa a nadie ensalzar al desdeñado y rebajar al elegido. A los dos, naturalmente, les pasó el tiempo, y quedan en la historia de la filosofía.
Su acción social desapareció, y el lector de cualquiera de ellos no piensa en ser su propagandista.
Yo no recuerdo bien en qué libro de Nietzsche se establecen con más energía las dos formas de vida y de pensamiento antagónicas: la apolínea y la dionisíaca. La parte viva y de actualidad de esta concepción ha pasado también.
Después de la derrota de la Alemania actual, probablemente si hubiera vivido Nietzsche no hubiese hablado con gran entusiasmo de lo dionisíaco, al menos de lo dionisíaco práctico.
Hitler y los suyos eran dionisíacos, energúmenos sin gran cultura, creyentes en la energía, en la violencia y en el grito. Mussolini lo era también. Había tomado su nietzscheanismo a través de D’Annunzio.
Los representantes más auténticos del arte dionisíaco en la época moderna han sido, en literatura, Dostoyevski; en música, Wagner, y en las artes plásticas, Rodin.
