La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo El hombre inteligente actual es un descontento, y muchas veces, un angustiado. La vida no le da el pasto que él espera para ir rumiándolo. Entonces, ¿qué remedio le queda? Difícil es saberlo. No parece que haya solución para los que se llamaron o los llamaron intelectuales. En el mundo entero, unos se aíslan, otros se dedican a la estética y a visitar museos.
Parece que esa variedad de homo intellectualis no tiene porvenir.
Tampoco los sabios de verdad tienen un porvenir halagüeño, aunque vivan en un mundo más alto. Éstos están quemando la santabárbara, y no parece que sepan ellos adonde van. Ya el mundo físico-químico de hace cincuenta o sesenta años, con su seguridad y su solemnidad, se bambolea de tal modo, que produce el mareo del curioso que se asoma a ese laberinto. Ya hay zonas en donde la fuerza y la materia parece que no se separan claramente, la luz pesa, los cuerpos disminuyen de tamaño por la velocidad, los átomos estallan, las líneas rectas no pueden ser rectas, el espacio y el tiempo van a confundirse en una dimensión casi idéntica. Para una pobre cabeza cansada, esto es tan abstruso, tan oscuro y tan disparatado, que el hombre se siente como un gato a quien le atan un cacharro viejo en la cola.
