La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo El libro no es un manjar propio de gente atareada y afanosa, ávida de dinero o de distinciones; es para el que cuenta con algo de tiempo, para el que tiene calma y tranquilidad y encuentra momentos de reflexión y reposo, y hoy ¡hay tan pocas personas en estas circunstancias!
Porque no basta tener dinero o una preeminencia social para no estar dentro de la plebe que se afana por cosas materiales y de relumbrón. Hay la plebe rica y la pobre, y esta última es quizá la menos antipática de las dos.
Yo, en Madrid, he conocido muy pocas personas que hayan leÃdo a Balzac, a Dickens o a Tolstói; pero lo extraño es que en ParÃs y en Londres hay también pocas personas que los hayan leÃdo Ãntegramente.
«¡Son libros tan largos!», dice la mayorÃa.
Hay algo paradójico a primera vista, y es que los libros gruesos no se leen; pero se compran siempre que estén bien presentados, tengan pastas elegantes y una envoltura de papel transparente.
Esto me recuerda la anécdota de un señor que entra en una biblioteca pública y dice al empleado:
—Yo quisiera que me diera usted un libro grueso.
—Indique usted el tÃtulo —le contesta el empleado.
—No, el tÃtulo no me importa.