La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Yo no creo que haya que practicar el culto del héroe a lo Carlyle; pero sà creo que las superioridades verdaderas no molestan ni ofenden mirándolas de cerca. ¿Por qué ha de molestar que Haydn, Mozart o Beethoven fueran muy inspirados? ¿Por qué ha de inquietar el humor de Dickens, la tragedia honda de Dostoyevski, la serenidad de Tolstói o la gracia de Paul Verlaine?
No son princesas altivas con las que no se puede dialogar, sino voces que se avienen a contar sus secretos en la sala elegante como en la buhardilla pobre.
En la pequeña vida cotidiana nuestra, una de las cosas que ofende a muchos es la afición fuerte por algo.
Yo muchas veces he oÃdo este diálogo en la casa de algún amigo que ha reunido con el tiempo una mediana biblioteca:
—¿Cómo ha reunido usted tantos libros? —pregunta el visitante—. Habrá usted gastado mucho dinero.
—No, menos que si hubiera ido al café o al teatro. Los he ido comprando en librerÃas de viejo.
—Es extraño. Yo no veo nada interesante cuando voy a las librerÃas de viejo o a las ferias de libros.
—¡Ah, claro! Usted irá una vez o dos al año. Yo he ido, en algunas temporadas, todos los dÃas.
Esta superioridad de la pura afición por una cosa sin importancia parece a algunos vagamente ofensiva. No se comprende por qué.
