La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo »¿Cuál es la fuerza estimulante de este dinamismo irreprimible? El aventurero de Pío Baroja camina siempre sin norte, sin ensueños. El tedio del ocaso, en las postrimerías, no es una decepción. Es un fenómeno evolutivo como el estímulo iniciador y enteramente ajeno a la propia causa, y, por consiguiente, incapaz de producir ni satisfacción ni remordimiento. Ni ventura ni pena. Hastío, sólo hastío. Nada de emoción ni desencanto. ¿Por qué había de haber nada de esto? La ventura, la satisfacción, culminan en la complacencia de un ensueño, de un ideal logrado. El remordimiento brota de la conciencia de una ley quebrantada. La decepción, el dolor del desencanto, surge entre los escombros del sueño roto, del ideal derrumbado. En este vagabundo barojiano no hay tales cosas. La estrella lo lanza a las procelas de la aventura, y cuando cae la tarde de su día, las sombras de la extinción le van envolviendo con la melancolía física e insentida con que las tinieblas de la noche caen sobre la tierra, borrando los días en el mecánico rodar de la tierra por el vacío.
»El capitán Chimista, al declinar el tempestuoso día de su vida, arriba con resignado tedio al reposo de una paz sedentaria y hogareña. Embil ve llegar un ocaso arrastrando su tedio solitario por hoteles y posadas, en donde devora su aburrimiento en medio del oleaje indiferente de la vida que halla en torno.