La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Los argumentos, en principio, no tienen gran importancia en mis novelas; no quieren probar una tesis, porque yo nunca he creído que haya una solución general en asuntos sentimentales, que sirva lo mismo a Juan que a Pedro, a María o a Fernanda. Eso de la tesis me ha parecido una tontería. Respecto a la realidad de mis personajes, ¿hasta dónde llega? Es difícil saberlo, aun para mí. Muchos tipos de personas que yo he sacado en mis novelas los he conocido, y casi son como yo los he pintado; otros, no; los he visto sin detalles, como una silueta.
En algunas novelas mías, como Susana y los cazadores de moscas y en Laura, casi todas las figuras que aparecen allí son reales, más o menos disfrazadas. En otras novelas mías no pasa lo mismo: hay tipos de invención acomodados a hechos históricos conocidos. En la serie de novelas históricas titulada «Memorias de un hombre de acción», por ejemplo, en El escuadrón del Brigante, los guerrilleros son tipos vistos en los pueblos de la provincia de Burgos el año 1914. Yo suponía que entre el hombre del campo de una tierra áspera y arcaica como la de Castilla la Vieja, poco poblada, y el del hombre de 1809, de esa misma tierra, no habría apenas diferencia. Lo más lógico es que no la hubiera.