La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo —Lo que pasa, y usted no lo quiere ver, es que en el hotel no hay calefacción. A estas horas de la noche, en Madrid, usted va al café con sus amigos. Luego llega a casa y se acuesta. Aquí no tiene usted amigos y se queda en el cuarto, que estará a diez o doce grados sobre cero, y siente usted frío. Pero eso no quiere decir que aquí haga más frío que allá.
Un extremeño me decía que París era triste.
Llevar el personalismo a todo es una ridiculez.
«¡Que inventen otros!», como decía Unamuno.
Son arbitrariedades absurdas.
Si se pueden dar esas estúpidas arbitrariedades en cuestiones de fenómenos medibles, ¿qué pasará en otras cuestiones que no hay modo de comprobar?
Un tonto puede decir: «Yo me río de Copérnico, de Newton y de Kant. No creo en lo que aseguran».
No vale discutir con gente así. ¿Para qué?
Voy a ir rebañando en mis libros para ver si hay en ellos una especie de filosofía literaria. Yo creo que, mejor o peor, elevada o pedestre, la hay en todos los autores y que se puede con atención ponerla en claro.
No se sabe bien lo que es la intuición. Como muchas palabras, ésta no es más que una aproximación a la realidad y no tiene contornos claros y bien definidos. ¿En qué se distingue la intuición de la percepción y de la comprensión?