La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Yo, como muchos, he tenido el entusiasmo y hasta el fanatismo por la veracidad.
Cuando era estudiante en Valencia, discutía con mis compañeros las teorías de un profesor que había ideado un tratamiento que llamaba pomposamente el lavado de la sangre, que no consistía más que en unas inyecciones. No sé por qué se iba a llamar a esto el lavado de la sangre. Me parecía mucha petulancia.
También discutía cuando aparecieron los toques en la nariz del doctor Asuero. Yo pensaba que todo aquello tenía mucho de taumaturgia y de farsa.
La intuición no va siempre acompañada de un talento discursivo. Muchas veces el hombre que se enriquece no es un intelectual que sabe economía política y hacienda, sino un tipo que parece bruto y desde el fondo de un tenducho o de detrás del mostrador ve lo que no ve el técnico. Si a esto se une la falta de escrúpulos morales, el hombre así está muy preparado para hacer su fortuna.
La intuición existe, evidentemente, en el hombre como en el animal. Observando a los insectos como a los animales complicados, se ve su prudencia y su inteligencia. ¿Cómo funciona ésta? No se sabe bien. Se dan definiciones hueras. Se dice: «Esto es el instinto. No es la inteligencia ni la razón». Todo ello no explica nada. Es puro verbalismo.
