La nave de los locos
La nave de los locos SUEÑOS
AL llegar, de noche, a Lesaca, y en la posada, se encontraron a una muchacha, Gabriela la Roncalesa.
Gabriela habló con Manón de sus amigos y conocidos de Bayona, y la Roncalesa experimentó por la nieta de Chipiteguy, que le pareció un chiquillo, gran simpatía.
Manón le contó su asunto, y la Roncalesa dijo:
—Yo te ayudaré a libertar a tu abuelo; y si lo tiene secuestrado Martín Trampa, mi futuro cuñado, le obligaré a que lo suelte.
—En Oyarzun nos han dicho que Martín está en Echarri-Aranaz.
—Es muy posible.
Al día siguiente salieron muy temprano, en compañía de Gabriela la Roncalesa; pasaron por Yanci y Aranaz, y por caminos de cabras cubiertos de nieve, abordaron, al caer de la tarde, a la venta Quemada, del puerto de Velate.
En el puerto y en los montes de alrededor, completamente nevados, las grandes hayas parecían forradas de plumones blancos.
Manón y Alvarito, no habituados a aquel ajetreo, llegaron a la venta rendidos, y decidieron, de común acuerdo, descansar todo el día siguiente. Gabriela, sin duda, acostumbrada a largas marchas, determinó salir por la mañana temprano camino de Pamplona.