La nave de los locos
La nave de los locos LA ACTITUD DE GAMBOA
POR aquellos días, Gabriela la Roncalesa se presentó en Bayona. Citó a don Eugenio en la posada de Iturri.
—¿Qué dice tu novio y sus amigos? —le preguntó don Eugenio.
—Están indignados con la traición que prepara Maroto.
—¿Se han convencido?
—Sí; todo el mundo dice que Maroto es masón y republicano y que tiene cautivo a Don Carlos.
—¿Y qué piensa hacer Bertache?
—Por ahora, esperar las instrucciones de usted. Cree él y los demás que usted les irá diciendo lo que tienen que hacer.
Aviraneta recomendó a la muchacha que se presentara al cura Echeverría o al obispo de León para explicarles con detalles el estado del espíritu de las tropas, y como ella no se atrevía a ir sola, don Eugenio mandó en su compañía a Iturri, el posadero, en calidad de carlista fingido, que luego podría darle noticias.
El obispo, inconsolable como Calipso porque habían prendido a su amigo y confidente fray Antonio de Casares, fraile inquieto y turbulento, no quiso hablar nada ni manifestar sus opiniones. Se entregaba a los cuidados de su querida amiga doña Jacinta Soñanes, alias la Obispa.