La nave de los locos
La nave de los locos Respecto a Echeverría, muy farruco, dijo a Gabriela que avisara a los navarros del quinto batallón y a su coronel, Aguirre, su inmediata llegada al campo, pues pronto se pondría él a la cabeza de todos ellos para acabar de una vez con el traidor Maroto.
El canónigo Echeverría profesaba a Maroto odio frenético, uno de esos odios de cura reconcentrados e implacables.
Aviraneta, al oír a Iturri, que le contó lo hablado en las visitas, se dio cuenta clara de que el eclesiástico, impulsado por el odio, provocaría la rebelión de los navarros. Al marchar a su hotel, don Eugenio comenzó a tomar las disposiciones necesarias para dar el golpe ya meditado desde febrero.
Era tal su confianza en el plan, que escribió al ministro Pita Pizarro estas palabras:
Ha llegado el momento crítico: la mina reventará y puede usted asegurar a Su Majestad la Reina que, tal como están atados los cabos del Simancas, el estampido va a ser tremendo; los carlistas se degollarán unos a otros y daremos fin a la rebelión.