La nave de los locos
La nave de los locos FERIA EN SIGÜENZA
EL arriero con quien fue Alvarito de Almazán a Medinaceli no era hombre amable y jovial como el señor Blas, sino, por el contrario, malhumorado y antipático Quiso explotar al viajero, cobrándole más de lo justo; pero Álvaro se resistió con energía y con tranquilidad, y, a pesar de las amenazas embozadas del hombre, no pagó más que lo ajustado.
Vio Alvarito claramente que el consejo del señor Blas de no ir nunca a ninguna parte sin amistades era bueno, y comprendió cómo no le convenía marchar sólo por aquellos pueblos Valía más ir despacio que no exponerse a ser engañado o robado.
La persona a quien le recomendó el señor Blas en Medinaceli era un botero. Al ir a visitarlo, Alvarito no lo encontró, y en la botería le dirigieron a un hombre, dueño de una tiendecilla con baratijas, estampas, marcos y objetos de escritorio.
El comerciante le recibió con estúpida e injustificada suspicacia, como si no quisiera dar las palabras de balde, cosa que tan poco vale en España, y lo único útil que le dijo fue que el camino estaba seguro, que podía marchar en un carro hasta Sigüenza, pues iban a esta ciudad arrieros, sobre todo los miércoles y sábados, que eran días de mercado.
Alvarito dio un paseo por el pueblo antes de retirarse a la posada.