La nave de los locos
La nave de los locos EL CURA ADMIRADOR DE CABRERA
MOLINA de Aragón es un pueblo de cierto empaque aristocrático, con casas hermosas, calles bastante anchas y una gran fortaleza que volaron los franceses en la guerra de la Independencia, dejando de ella solamente varios torreones, altos y dramáticos.
Llegó Alvarito a Molina y fue a parar a una fonda de la plaza en donde le destinaron a una alcoba y un gabinete de papel rameado, con un loro charlatán en el balcón y una jaula dentro con dos canarios.
En medio del cuarto había un velador, y, sobre él, algunos números encuadernados del Semanario Pintoresco Español, de El Museo de las Familias y de El Paronarma[77].
Alvarito habló largo tiempo con la dueña de la casa y con sus hijas y logró inspirarlas confianza. La dueña, muy charlatana, le contó antiguas historias del año 1823, cuando estuvo en Molina el conde de España y mandó fusilar al general Bessières.
Alvarito empezaba a saber tratar a la gente. Sabía ser amable y cortés, sin presentarse como el forastero que va a pedir o a sacar algo.
En general, quien visita los pueblos tiene que dar la impresión de que va a algo concreto, y a poder ser, con un fin interesado y egoísta, porque eso se comprende bien por todo el mundo, y hasta presta cierta respetabilidad.