La nave de los locos
La nave de los locos EL OFICIO DE SALUDADOR[82]
EL guerrillero, con un sentido práctico de manchego cuco, al salir del hospital, casi ciego, y no pudiedo practicar ningún oficio, se echó al camino a tocar la guitarra, y luego se hizo saludador. TenÃa varios ensalmos para sanar las vacas y el ganado. A las personas las curaba con agua; pero él no daba ni el agua siquiera, porque sabÃa que dando el agua los médicos podÃan denunciarle.
El saludador no creÃa absolutamente nada de sus prácticas misteriosas; pero consideraba que asà como de guerrillero robó lo posible, como saludador debÃa engañar a toda persona cándida para creer en sus embustes.
Aquel hombre no sentÃa la tendencia natural y espontánea del campesino de dar a las cosas una explicación sobrenatural y mÃstica. El ex guerrillero consideraba todo en la vida natural, justificado y determinado, y si engañaba a los demás, lo hacÃa a sabiendas.
—¿Pero usted cree que puede curar con sus oraciones? —le preguntó Alvarito.
—La fe es la que salva —contestó aquel hombre que no creÃa en nada.
—¿Y cómo ha comprendido usted su virtud de saludador? —le volvió a preguntar Alvarito.
—Porque me lo han dicho.
—¿Y en qué lo han conocido[83]?.