La nave de los locos
La nave de los locos LA CASA DEL GENERAL
AL día siguiente de llegar a Albarracín, el boticario invitó a Alvarito a ir a la casa mejor del pueblo, la del general Navarro. Era una visita casi oficial para los forasteros distinguidos. La casa de Navarro, en la calle Mayor, daba por la parte de atrás a la muralla y dominaba las rocas del río sobre el barranco del Guadalaviar.
Era una casona grande, con habitaciones inmensas, blanqueadas, con zócalos azules y vigas del mismo color en el techo, con los suelos de ladrillo rojo y algunos de tierra mezclada con cal. Tenía patios, corrales, escaleras estrechas, un pozo y una porción de rincones y cobertizos. La cocina de la casa, inmensa, con el suelo de tierra apisonada, y una chimenea enorme, estaba cimentada sobre una piedra de la antigua muralla del pueblo.
Ocupaban el primer piso varias salas, y entre ellas una grande, medio biblioteca, con huecos de balcones a una galería. En la barandilla de hierro de esta, el padre de Navarro había hecho muescas con números y letreros para indicar hasta dónde llegaba el sol en diferentes épocas del año y a distintas horas.