La nave de los locos
La nave de los locos Y si la novela quisiera prescindir del público, no sólo del de hoy, sino del posible de mañana, y volver sobre sà misma, tendrÃa el peligro de convertirse en una obra de chino, como aquellas bolas de marfil, una dentro de otra, que hacÃan los ciudadanos del ex Imperio celeste.
Nuestro ensayista defiende la tesis, en parte cierta, de que la poesÃa lÃrica puede vivir dentro de la vida cotidiana con todos sus prestigios, lo que no le ocurre a la novela, que necesita para hacer efecto sus decoraciones y sus bastidores. En ese sentido la novela lleva sus bambalinas propias, como las llevaba en la antigüedad el poema épico.
El trozo lÃrico es como un surtidor que puede emerger en la plaza pública; la novela, como una caverna adornada que tiene dentro sus surtidores. Para mà la principal razón de la posible convivencia de lo lÃrico en la vida cotidiana, es su brevedad, es decir, su tamaño. Una poesÃa de Verlaine se puede recitar en un café. También una romanza se canta en la calle, pero no puede cantarse toda una ópera.
Hoy, además podrÃa asegurarse que cuando la romanza se canta en la calle, en medio del tráfago de la vida ordinaria, es que es una canción de organillo o de guitarra.