La nave de los locos
La nave de los locos ¿Será hábil, me preguntaba un amigo, hablar de los procedimientos de confeccionar una novela? ¿Será oportuno exponer nuestra torpeza, nuestros tanteos a los lectores que creen que de nuestro cerebro va a salir una obra completa como Minerva, armada y hasta maquillada de la testa de Júpiter?
Hábil o no, oportuno o no, ¿qué importa? Estamos empachados de habilidad y de oportunidad, y aparecer como inhábiles y como importunos no nos preocupa gran cosa.
Hablar con una mujer a solas está siempre bien. Aunque el diálogo no tenga el más ligero matiz amoroso, no se echa de menos una tercera persona; en cambio, se habla mejor casi siempre con dos amigos que con uno.
Al dialogar y razonar tres hombres, se completan uno a otro; dos interlocutores suelen ser poco para divagar cómoda y agradablemente; cuatro, demasiado; hay, pues, que decidirse por el trÃo, terceto, trinidad amistosa o como se le quiera llamar.
Hemos salido de Madrid tres amigos en diciembre, y estamos aguardando en un pueblo de la costa de Málaga a que termine la reparación de la averÃa del auto. Los tres amigos somos escritores, discutidores habituales y crónicos y aficionados a debatir ideas.