La nave de los locos
La nave de los locos Ollarra, alto, fuerte, rubio, con el pelo dorado, la cara larga, los ojos claros, grises, y el aire serio, tenÃa color de hombre del Norte y expresión, sobre todo en los ojos, de hombre del Sur, cosa bastante frecuente en los vascos. Se veÃa en él un mozo atrevido, enérgico, despreocupado y valiente. SonreÃa a veces, mostrando su dentadura, blanca y fuerte, de mastÃn.
—¿Por qué no vas a ver a mi amo? —le preguntó Manón.
—¿Para qué?
—Mi amo necesita uno que le acompañe; te pagará bien.
—¿Y qué hay que hacer?
—Viajar; ir de un pueblo a otro.
—¿Nada más?
—Nada más.
—¿Dónde está tu amo?
—Ahora estará en la posada de Arotzenea o en casa de la Salomona.
—Bueno; vamos.