La ruta del aventurero
La ruta del aventurero EL CONVENTO
ERA un magnÃfico lugar aquel en donde se asentaba el monasterio. Se hallaba en una alta explanada del Monsant, al borde mismo del acantilado de la costa; tenÃa delante un bosquecillo de olivos; encima de este, un pinar, y más arriba, cimas ásperas y pedregosas; abajo se extendÃa el mar, en cuya superficie luminosa se dibujaba la sombra del islote. Al acercarse al convento, por la Volta del Rosignol, se veÃa, primeramente, la torre por encima de los viejos y mugrientos tejados, entre los cipreses del camposanto; luego se abarcaba todo el conjunto del edificio, circundado por una muralla con aspilleras y rejas. Dentro de esta muralla se encerraba la iglesia, la vivienda, el jardÃn y el claustro.
Entre el convento y el bosquecillo de olivos habÃa un raso ancho y empedrado, con una cruz de piedra en medio.
En aquel momento, un mendigo, envuelto en una anguarina parda, dormÃa al sol.
Llegaron la tartana y los caballos a la plazoleta; se detuvieron y bajaron los viajeros.
