La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Algunos escépticos han intentado sembrar dudas acerca de la autenticidad del «Convento de Monsant», basándose en hallarse raspados, borrados y sustituidos por otros escritos encima los nombres de los personajes que intervienen en la acción.
Al mismo tiempo afirman que está cambiado el nombre de la ciudad levantina que aparece como fondo, pues la Ondara que figura aquí no es la Ondara de la provincia de Alicante, que no es puerto de mar.
Nada de esto ha podido quebrantar nuestra fe en la existencia de J.H. y en la veracidad de su relato.
Para nosotros, «El convento de Monsant» es tan auténtico, tan demostrado, como «El viaje sin objeto».
Se podrá argüir que ambas narraciones no son brillantes, que no tienen la magia de estilo de un poeta meridional, que están escritas, como quien dice, en tono menor; pero todo ello depende de que la visión de J.H. es la visión escueta y descarnada del que mira y contempla con la pupila fría de un hombre del Norte, acostumbrado, como disecador, a ver la entraña de las cosas.
Hechas estas salvedades, para dejar en buen lugar nuestra seriedad de hombres históricos y nuestro respeto por las grandes verdades de la filosofía, la geografía, etc., pasamos a copiar los dos relatos de J.H., ex disecador, ex acuarelista, ex caricaturista y vendedor de pasas.