La ruta del aventurero
La ruta del aventurero La verdad es que cuando vive uno en un mundo tan bestial como el nuestro dan ganas de marcharse a una isla como la del Farallón y no tener más amigos que los delfines y los atunes.
A pesar de estos lamentos pasajeros, ya sabe usted que soy un optimista rival del doctor Pangloss, y que pienso persistir en mi optimismo.
Su amigo cariñoso,
J.H. Thompson.»
* * *
«Ondara, mayo de 1831.
Señor don Eugenio de Aviraneta.
En Bayona.
Mi querido Capitán:
Siento mucho que no pueda usted entrar en España todavÃa, y que tenga usted que estar constantemente detenido ahÃ. Hoy he cumplido mi piadosa misión de visitar la tumba de Kitty. He ido al convento de Monsant; he hablado con la superiora, una vieja escuálida y apergaminada, a quien he dicho ser hermano de Kitty, y la he pedido permiso para adornar con flores el trozo de tierra donde está enterrada nuestra amiga.
Al entrar en aquel cementerio abandonado, al ver el mar azul y el islote del Farallón, que brota de las aguas; al llegar al pie de la tumba donde duerme eternamente nuestra pobre Kitty, he llorado como un niño.