La ruta del aventurero
La ruta del aventurero EL VIAJERO Y SU CANCIÓN
YO soy un hombre que ha salido de su casa por el camino, sin objeto, sin saber por qué, con la chaqueta al hombro, al amanecer, cuando los gallos lanzan al aire su cacareo estridente como un grito de guerra, y las alondras levantan su vuelo sobre los sembrados.
De dÃa y de noche, con el sol de agosto y con el viento helado de diciembre, he seguido mi ruta, al azar: unas veces, asustado ante peligros quiméricos; otras, sereno ante realidades peligrosas.
Para entretener mi soledad he ido cantando, silbando, tarareando canciones alegres y tristes, según el humor y el reflejo del ambiente en mi espÃritu.
A veces, al pasar por delante de una casa del camino, cantaba más alto, gritaba, quizá con jactancia, queriendo ser escuchado.
Alguna ventana se abrirá —pensaba— y aparecerá un rostro simpático y jovial.
No se abrÃa ninguna ventana, no salÃa nadie; yo insistÃa cándidamente, y al insistir iban brotando de aquà y de allá caras torvas, miradas hostiles, gente en guardia, que apretaba el garrote entre las manos huesudas.
Quizá les he ofendido —discurrÃa yo—. Esta gente no quiere nada conmigo, y seguÃa mi marcha, al azar, con la chaqueta al hombro, sin objeto, sin saber por qué, cantando, tarareando y silbando…
