La ruta del aventurero
La ruta del aventurero EN PLENA BOHEMIA
PERCY y yo alquilamos un cuarto, y llevamos a él nuestros útiles y algunos muebles al fiado.
Al principio trabajamos con entusiasmo; luego, poco a poco, fuimos flaqueando y llegamos a no hacer nada y a mirar con desdén y con cierta sorna nuestros instrumentos de grabadores.
Will Tick nos sacaba con frecuencia de apuros con la fertilidad de sus recursos. Muchas veces nos llevaba a su casa para que le ayudásemos.
Tick, padre e hijo, se dedicaban a negocios sospechosos.
Guardaban montones de papel sellado viejo, que les debía servir para falsificar documentos. Lavaban y cocían papeles escritos con agua de cloro y los sacaban limpios; sabían también hacer tinta antigua y calcar firmas.
Todos los trabajos de la casa eran poco claros y menos lícitos. Durante el tiempo que acudí al taller de los Tick, el negocio más legal que hicieron padre e hijo fue decolorar y raspar unas hojas en pergamino de unos libros capitulares y convertirlos en parches de tambores y panderetas.
Siempre se les veía al padre, al hijo y a un criado, albino y zambo, en el patio, sucio y negro, borrando papeles y secándolos en una estufa.
