La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Por una fantasía como esta, el frenólogo Fitzhamer cobraba bastante dinero; en cambio, yo no me cobré nada a mí mismo.
Mi interés en esta época consistía en elevar mis conocimientos lingüísticos (5%, según el cuadro) a un 10 o a un 15 por 100.
Aprendía el español y el francés sin maestro, y tenía la sospecha de que iba a entendérseme con dificultades. Sobre todo la pronunciación y la propiedad de las palabras me fallarían. Me pasaría probablemente lo que al inglés de una caricatura francesa, que entra en un café de París y para pedir: Garçon, une bouteille de bire, hace un esfuerzo de memoria y dice: Celibataire, une bouteille de cercueil!
Esta confusión de las cervezas con los ataúdes, lo más que podía producir es que se burlasen de uno.