La ruta del aventurero
La ruta del aventurero LOS DESTINOS ABSURDOS
CUALQUIERA, al leer la frase final del capítulo anterior, supondrá que yo soy un fatalista. No; no lo soy. No lo soy, pero no ando lejos de serlo. Esta idea de fatalidad es un poco confusa. Encerrando la idea de predestinación, es para mí falsa; pero significando sólo destinación, me parece exacta.
No cabe duda que si uno marca en un papel una serie de puntos, se puede unir estos con una línea; tampoco cabe duda que la tal línea tendrá un carácter: será recta o quebrada, y presentará una figura especial. A esta figura, después de hecha a posteriori, le llamaremos necesidad, destinación, y si estuviera hecha a priori, le llamaríamos fatalidad, predestinación.
En el punto 1 de la línea no sabemos dónde va a caer el punto 2, ni en el punto 2 cuál va a ser el 3; pero trazados los puntos 2 y 3, podemos asegurar que de ninguna manera aunque se deshiciera el Universo, podrían estar en otro sitio mas que en el que están.
Tales reflexiones me hacía yo, tendido en un banco de la cubierta del paquebote, a medida que salíamos del canal de la Mancha y se me iba pasando el mareo.
