La ruta del aventurero
La ruta del aventurero LOS CABALLEROS
EN la casa de huéspedes de doña Saturnina conocà a varias personas, gentes pintorescas, cuya vida sabÃa luego por la misma patrona.
Uno de los fijos en la casa era un señor alto, moreno, de pelo blanco, vestido con traje oscuro, y que se paseaba por los arcos de la plaza del Castillo ataviado con un sombrero de copa cubierto de hule y una levita larga, y que cuando hacÃa fresco se ponÃa una esclavina azul sobre los hombros.
—¿Quién es este señor? —le pregunté a la patrona.
Doña Saturnina me dio tres o cuatro nombres de estos compuestos y largos que usan los españoles.
—¿Y este caballero no trabaja? —pregunté yo.
—No. ¡Ca!
—¿Es rico?
—Poca cosa.
—¿Es de buena familia?
—Ya lo creo. ¡Es un Pérez de Cascante! Es de los caballeros de Olite.
Este caballero tenÃa un amigo que le acompañaba en sus paseos, el señor Sánchez de Peralta.
Doña Saturnina me explicó la genealogÃa de ambos.
—Ninguno de los dos ha trabajado nunca —me decÃa la patrona con entusiasmo—. Son caballeros.
