La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —SÃ; andan rodando patrullas francesas de caballerÃa, infanterÃa y gendarmes.
—Pues yo necesito trasladarme a Sanlúcar para ir a Cádiz.
—Le será a usted imposible.
—¿Por qué?
—Porque todos los barcos de estos puertos y los vapores del Guadalquivir están embargados por las autoridades francesas para llevar municiones al Puerto de Santa MarÃa.
—¿Y qué se dice de la guerra?
—La gente dice que Cádiz resistirá ya muy poco.
Me acosté sin resolver el plan de viaje. Dormà profundamente, y a la mañana siguiente me encontré sorprendido al ver que entraban en mi cuarto un sargento y cuatro soldados realistas. VenÃan a prenderme.
—¡Esto es una equivocación! —exclamé yo—. Yo soy una persona pacÃfica.
—SÃ, será cierto —me replicó el sargento—; pero tenemos la orden de conducirle a usted preso a Sanlúcar de Barrameda.
Pensé si me habrÃa denunciado el fondista; aunque este me juró que no habÃa hablado a nadie de mi presencia allÃ.