La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —Que traigan el zanto óleo para ezte señó, porque lo voy a matar —decÃa uno.
—Encomiéndeze uzté a Dioz —gritaba otro.
En esto entraron los calaboceros repartiendo estacazos a diestro y siniestro, seguidos del alcaide. El alcaide prendió a los dos matones y me interrogó. Era un hombre tuerto, alto, seco, membrudo y mal encarado.
Le conté lo que habÃa ocurrido y decidió sacarme de aquella cuadra y llevarme a la alcaidÃa.