La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Añadió la señora Landon que conocÃa mucho al subdelegado de policÃa de Sevilla, don Lorenzo Hernández de Alba, y que inmediatamente que volviera de Alcalá de Guadaira le hablarÃa para que me dejaran en libertad.
—Yo supongo que usted no será ningún Bruto. ¿No habrá usted matado a ningún tirano?
—No, no. A no ser en sueños.
—Entonces creo que le libraremos a usted.
Le di mis más expresivas gracias, y la señora Landon añadió que mandarÃa enviar una cama y ropa blanca para mÃ, y que encargarÃa a una fonda mi comida y almuerzo.
—Señora —le dije—, que no me manden mucha comida, porque la comeré toda y me pondré pesado y no podré hacer estos ejercicios.
La señorita Mercedes se reÃa. Charlaron un largo rato conmigo, dijeron que volverÃan al dÃa siguiente y se fueron.
Yo me reunà con el canónigo grueso de la noche anterior y con un joven Capitán que se llamaba Iscar.