La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Volvimos al salón; pero la estancia allà no era del todo grata. Entre los presos habÃa enfermos en sus camas, algunos de tifus y de disenterÃa; nadie se habÃa cuidado de resolver el modo de ventilar la antigua iglesia, y el ambiente era ya irrespirable.
Yo decidà dejar la tribuna y poner mis dos colchones en el claustro, a pesar de que todo el mundo consideraba esto como una extravagancia.