La ruta del aventurero
La ruta del aventurero EVASIÓN
AL día siguiente decidí estudiar el terreno para ver si era posible una evasión.
Me acosté muy temprano y me levanté al amanecer. Bajé las escaleras de mi encierro, abrí la puerta y exploré el patio. Este patio, en donde se levantaba la torre, se hallaba enlosado y circunscrito por tres paredes altísimas y otra no tan alta que le separaba de un jardín poblado de árboles.
Examiné la tapia más baja y vi que había una antigua ventana cerrada a una altura de tres o cuatro varas.
Si esta ventana no tenía reja, por allí debía de ser fácil pasar al jardín vecino.
Vi en el patio una barrica, la empujé y la llevé debajo de la ventana; bajé de mi cuarto una silla y la puse encima. Después me subí a la silla, y con un palo con punta, metiéndolo en el resquicio de la ventana, llegué a abrirla. No había reja. Cerré la ventana y me volví a la torre.
A las nueve de la mañana vino a visitarme el sargento guardalmacén que había ocupado la torre antes que yo. Traía varios libros místicos, enviados para mí por el fraile.
Me dijo que ya no quedaban presos políticos, pues todos habían sido trasladados fuera de Sevilla, mientras estuviera el rey en la ciudad.
