La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Las nubes, grandes y algodonosas, tomaban un tinte cobrizo; el viento fuerte del anochecer rizaba el agua en pequeñas olas; seguían resplandeciendo blancas, amarillas, remendadas, las velas latinas a lo lejos. Las barcas pescadoras volvían de dos en dos; la polacra napolitana había encendido un fanal que parecía un gran lucero vespertino y con todas sus velas desplegadas comenzaba a alejarse, con el aire misterioso de una alucinación…