La ruta del aventurero
La ruta del aventurero UN LOCO
PASÉ Ubrique, pueblo bastante mísero, en donde todo el mundo se dedicaba a hacer contrabando con la mayor impunidad y a coser petacas de cuero. Me chocó que se vendiera el tabaco de contrabando a la vista de todo el mundo, y me dijeron que el Gobierno español no se atrevía a mandar aduaneros.
Los ubriqueños estaban dispuestos a defender su prerrogativa de hacer contrabando con la sangre de sus venas.
Desde Ubrique me interné en la sierra de los Gazules y llegué a Jimena.
Entraba en este pueblo por una callejuela cuando me vi seguido por un hombre alto, delgado, moreno, con los ojos muy hundidos y la barba negra, manchada de plata. Me esperaba algún nuevo percance. Me detuve dispuesto a afrontar el conflicto. El hombre se me acercó y me dijo con una voz bronca:
—¿Es usted godo?
Hice un gesto de extrañeza, que lo mismo podía ser afirmativo que negativo.
El hombre debió de creer que decía que sí, y sacando una hoja del bolsillo exclamó:
—Tome usted y lea usted.
