La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —Aquà estamos —dijo el alto con una alegre sonrisa— trabajando a ver si componemos este bote.
—¿Para qué?
—Para salir al mar. Asà podremos entretenemos un poco y pescar y cambiar de alimentación.
—¿Y el enfermo? —preguntó el médico.
—Está igual.
—¿Qué tiene?
—Tiene unas fiebres palúdicas que le han consumido.
—Voy a verle. Soy médico.
El hombre alto subió los escalones de la casa, abrió la puerta e hizo pasar al doctor adentro. Este se acercó a la cama del enfermo. Apenas podÃa incorporarse con la debilidad.
El doctor MartÃn reconoció al palúdico, salió de la casa y se lavó las manos en un cubo de agua del mar.
—Este hombre está muy grave —dijo.
—SÃ; ya se ve.
—¿Ha tomado quinina?
—Con poca constancia.
—¿Cómo se alimenta?
—Mal; ya ve usted; nos mandan rancho únicamente. Le damos el caldo, que filtramos por una tela.
—Bueno; pues ya enviaremos otro alimento y quinina.