La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —¡Hurra! ¡Hurra! —gritó Thompson, agitando su sombrero en el aire.
—No me ha parecido bien ese hurra cosaco, Thompson —dijo burlonamente el doctor—. ¿Ustedes qué opinan?
—La verdad es que ese grito del Norte en pleno Mediterráneo parece intempestivo —contestó Kitty.
—Completamente intempestivo —dijo el Capitán.
—Yo creo que el eco ha protestado con indignación —añadió el doctor.
—¡Qué duda cabe! —repuso el Capitán—. Yo mismo he visto un delfÃn que se ruborizaba al oÃr esa exclamación salvaje.
—No se esfuercen ustedes más, amigos mÃos —exclamó Thompson—, en convencerme que he hecho mal. Tienen ustedes razón. HabÃa perdido la noción geográfica, se me habÃa confundido en la cabeza el paralelo. Pero ahora estoy orientado, he encontrado la aguja de marear y creo que a este grito no tendrán ustedes que poner ninguna objeción.
—Vamos a ver —dijo el doctor.
—¡Evohé! ¡Evohé! —gritó Thompson desaforadamente—. ¡Eh! ¿Qué tal? ¿Tengo aire clásico?
—Parece usted un Sileno —dijo el doctor.
—¡Evohé! ¡Evohé! —repitió Thompson.
—Va usted a hacer zozobrar la barca con sus gritos báquicos —exclamó el Capitán.