Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Este señor estará ahora en la playa. Idos por el arenal y lo encontraréis.
Avanzamos por la playa de las Animas. Primero encontramos un hombre alto, rojo, con patillas cortas, a quien explicamos lo que nos pasaba y que no pareció entendernos.
Este hombre se reunió con nosotros y fuimos juntos más lejos, donde estaba un señor con una niña. Volvimos a explicar lo que nos pasaba y el señor se levantó y habló con el hombre alto. Luego, los dos hombres, la niña, Recalde y yo nos acercamos al fondeadero de la punta del Faro; el señor desató la barca y él y el hombre alto entraron en ella.
Nosotros Ãbamos a embarcarnos, pero el señor nos dijo:
—Vosotros quedaos ahÃ.
El señor se puso al timón, el hombre izó la vela, y la lancha comenzó a marchar rápidamente hacia Frayburu. Una hora después volvÃan, trayendo a Zelayeta.
El viejo nos preguntó nuestros nombres, y cuando yo le dije el mÃo se quedó mirándome fijamente[67].
Los tres aventureros reunidos volvimos a Lúzaro, cansados, destrozados.
En mi casa no pude ocultar la aventura; tuve que contarlo todo. Mi madre y la Iñure se hacÃan cruces.
—¡Qué chico! ¡Qué chico! —decÃan las dos.