Las inquietudes de Shanti Andia

Las inquietudes de Shanti Andia

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Don Ciríaco quiso completar mi educación, y varias veces me preguntó si no tenía afición a la poesía o al baile; pero sin duda mis aptitudes no iban por ese camino.

Salimos de Cádiz; aún no se había pensado en abrir el istmo de Suez, y el viaje a Filipinas se hacía por el Cabo de Buena Esperanza[70]. Bajamos por la costa de África a buscar los vientos alisios, atravesamos las calmas ecuatoriales y paramos en Cabo Verde. Continuamos hacia el sur, hasta hallar los vientos del oeste y poder cortar las calmas del trópico de Capricornio; doblamos el Cabo y fuimos dando una gran vuelta por el mar de las Indias, en dirección del estrecho de la Sonda.

La primera Nochebuena a bordo la pasé en el Océano Índico, después de una tarde sofocante. De día, el mar estuvo como una llanura inmóvil de cristal fundido por el sol, y la noche fue espléndida, cuajada de estrellas refulgentes.

La mayor parte de la tripulación la formaban chinos que no celebraban este día. Pero los españoles vascongados y andaluces estuvimos bebiendo y cantando hasta muy entrada la noche.

Atravesado el estrecho de la Sonda, nos quedaba poca distancia. Tardamos en toda la travesía cinco meses, y, como el viaje en este tiempo era para don Ciríaco un éxito, entramos en la bahía de Manila disparando cohetes.


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