Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Los dÃas que pasé en Manila se deslizaron para mà rápidamente; todo lo encontraba nuevo y lleno de interés; era un chico, y no tenÃa motivos más que para estar contento.
Salimos de Filipinas en marzo, y, en vez de volver por el estrecho de la Sonda, fuimos con la monzón del sudoeste a entrar en el mar de las Molucas, pasamos por el estrecho de Gilolo y luego por el paso de Pitt y el estrecho de Ombay.
Desde aquà hicimos rumbo, para llegar lo más pronto posible a la región de los alisios, que pensábamos encontrar hacia los paralelos 18° o 20°; pero no tuvimos suerte.
Al doblar el Cabo de Buena Esperanza luchamos con una violenta tempestad, que por poco no nos arrastra hacia los escollos del continente africano, y en todo el resto del viaje fuimos padeciendo borrascas y tiempos duros[71].
Cuando pisé Cádiz, sentà un verdadero placer. Hubiese querido ir a Lúzaro, pero el curso empezaba, y don CirÃaco opinó que no debÃa perder ni un dÃa de clase. El capitán me presentó en la escuela de San Fernando[72] y me llevó a casa de una señora conocida suya en esta ciudad, para que me tuvieran de huésped.