Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia En esto, estaban concluyendo en Portsmouth una fragata para la Sociedad Vasco-Andaluza; no le faltaba más que algunos detalles. Menchaca fue a Inglaterra a recogerla. No sé si sabrás que, cuando se construye un buque, se hace un libro o cuaderno que se entrega por el constructor al primer oficial que lo manda.
—SÃ, lo sé. Se llama pliego de historia[81], y en él se anotan cuantas circunstancias se han observado en la construcción.
—Exacto. Pues cuando le entregaron el pliego de historia del barco y leyó el nombre, Menchaca estuvo a punto de tener una congestión.
—¡Demonio! ¿Cómo se llamaba el barco?
—La Bella VizcaÃna.
—¿Nuestra fragata?
—La misma, pilotÃn, la misma. Y alguien encontró que la sirena del mascarón de proa tenÃa las facciones de la hermosa Hortensia.
—¡Bah!
—FantasÃas que se inventan. Menchaca desde entonces quedó más sombrÃo que nunca. No era posible que a Cepeda se le hubiese ocurrido aquella idea de bautizar asà el barco, con el fin de mortificar a su socio. El pensamiento partió seguramente de ella.