Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia La situación del matrimonio seguía difícil y sin mejorar, cuando un día Menchaca, jugando con unas pistolas, no se sabe si inadvertida o intencionadamente, se pegó un tiro en la sien y cayó muerto.
Al año Hortensia celebró su matrimonio con don Matías Cepeda; compraron la casa de la calle de la Aduana y la arreglaron.
Ésas son cosas de todos los tiempos —concluyó diciendo don Ciríaco filosóficamente—, que han pasado, que pasan y que pasarán. Te he contado la historia de Hortensia para que sepas qué clase de mujer es, y para que no digas sin querer delante de ella alguna inconveniencia.
Comentamos los hechos y después hicimos honor a la cena, que fue exquisita.
Don Ciríaco pensaba zarpar al día siguiente; yo quise acompañarle hasta el barco; pero él no lo permitió.
—Tú vete a estudiar a San Fernando —me dijo—. No pasará mucho tiempo en que seas tú el que te vayas y yo el que me quede. ¡Adiós, Shanti!
—Adiós.
Nos abrazamos, él se metió en el bote y desapareció.