Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Para suplir esta falta de ideas, don MatÃas se refugiaba en las anécdotas. En su cabeza, cada idea tosca y primitiva lleva como atornillada una serie de cuentos y de chistes.
—Eso no es asà —decÃa, por ejemplo, al exponer yo una opinión cualquiera—, y te contestaré con lo que dijo Periquito Sánchez a don Juan MartÃnez en Cádiz, en el año veintisiete…[84]
Y don MatÃas seguÃa asà con una velocidad de galápago, hasta contar una anécdota de una vulgaridad aplastante.
Como hombre de poca delicadeza natural y de cultura rudimentaria, no era, ni mucho menos, un modelo de discreción, y a veces tenÃa salidas de patán que le regocijaban muchÃsimo. En el fondo estaba sorprendido de verse a sà mismo tan alto; habÃa hecho esfuerzos para convencerse de que su caudal, que no dependÃa más que de un matrimonio afortunado y de la suerte, era obra de su talento y de su perseverancia.
Don MatÃas era el tipo del buen burgués: bruto, rutinario, indelicado y, en el fondo, inmoral. Toda rutina le parecÃa santa, el precedente la mejor razón. Don MatÃas tenÃa sus manÃas; por ejemplo, ir siempre tarde a comer para demostrar que los muchos trabajos no le permitÃan ser puntual.