Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Don MatÃas solÃa estar en su despacho con su gorro y su bata, cuando no andaba por el almacén, por entre hileras de sacos y de cajas, dando órdenes o paseando con las manos cruzadas en la espalda.
El dependiente principal, que le conocÃa bien, un jerezano muy chistoso, decÃa del señor Cepeda que se pasaba el tiempo cortando papeles para llevarlos al retrete, o haciendo punta a los lápices lo más despacio posible para obtener el gusto de aparecer ante su familia como atareado. Hasta en eso era mezquino, porque hacÃa las puntas de los lápices cortas y cortaba los papeles pequeños. Roñoso para todo, era hombre de rumbo para los gastos de la casa y de la bella Hortensia. TenÃa el sentimiento del comerciante rico que considera a la mujer como el mejor medio de lucirse.
En la apariencia, don MatÃas era un hombre respetabilÃsimo, serio, de ideas profundas; en el fondo era un pobre majadero, un caso de pedanterÃa y de vanidad grotescas. A Dolorcitas la trataba secamente, no por ser su hijastra y no su hija, sino porque consideraba que ése era su papel de hombre de negocios.
Aquel solemne y majestuoso idiota creÃa que, para ser marido y padre a la inglesa, tenÃa que mostrarse frÃo con su mujer y su hija[85].