Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia NUEVAS FATIGAS DE AMOR
Como todos los hombres sentimentales que esperan demasiado de las mujeres, he tenido momentos de aborrecer al bello sexo. Don CirÃaco muchas veces me decÃa, con una exasperación alegre que le era caracterÃstica:
—Shanti, ten esto en cuenta. De cien mujeres, noventa y nueve son animales de instintos vanidosos y crueles, y la una que queda, que es buena, casi una santa, sirve de pasto para satisfacer la bestialidad y la crueldad de algún hombrecito petulante y farsantuelo. Asà nos vamos vengando unos en otros, de la manera más inhumana y estúpida.
Realmente, la naturaleza es pródiga con el hombre egoÃsta y con la mujer voluble e insensible. Quizá es lo natural en el hombre ser un poco canalla, y en la mujer un poco cruel. Hasta es posible que la bondad y la generosidad sean una anomalÃa.
Tengo que reconocer que Dolorcitas no era la excepción de las cien de que hablaba don CirÃaco. Estaba entre las noventa y nueve restantes: era caprichosa, cruel, instintiva, voluble. Por un capricho hubiera sacrificado a su padre, a su madre, al pueblo entero y, probablemente, a media humanidad[102].
Dolorcitas parecÃa decidirse por mÃ; pero, al mismo tiempo, todo el mundo decÃa que iba a casarse con el hijo del marqués de Vernay, un señor de Jerez, no muy rico, pero de familia aristocrática.
