Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —¿Del mismo nombre, del mismo pueblo y que hubiera navegado de piloto en el mismo barco?… Muy raro tenía que ser.
—Sí, es verdad. Pero si hubiese vivido en Ilo-Ilo[119], le hubiese escrito a su madre.
El capitán se encogió de hombros como si el argumento no le convenciera y añadió con indiferencia:
—Hace veinte años que no le escribo yo a mi mujer, y probablemente creerá que me he muerto.
Me despedí de este paisano, que sin duda no era un caso muy significativo de ternura matrimonial; le conté la conversación a mi segundo, e hicimos una serie de indagaciones entre capitanes, pilotos y contramaestres vascongados. Varios nos confirmaron que, efectivamente, habían oído hablar hacía unos quince años de un Juan de Aguirre, propietario en Ilo-Ilo y antiguo marino; en cambio, el capitán de la corbeta Mari Galante, Francisco Iriberri, a quien encontramos en una de esas calmas del Océano Índico, al sur de Madagascar, me dio otros datos[120].
Iriberri era un viejecito pequeño, imberbe, con el aire enfermizo, el pelo rubio y los ojos ribeteados. Después he sabido que Iriberri fue uno de los capitanes más audaces de su tiempo.