Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia EL PARADERO DE JUAN DE AGUIRRE
Nunca volvà a ocuparme de mi tÃo Juan de Aguirre, que en mi infancia tanto me preocupó; pero un dÃa iba en una de esas canoas que cruzan la bahÃa de Manila conduciendo el pasaje, y que llaman guÃlalos[117], cuando entablé conversación con un viejo capitán vasco que mandaba un bergantÃn, y al decirle que yo era de Lúzaro, me preguntó:
—¿Usted sabe algo de la vida de Juan de Aguirre?
—No. Y eso que Juan de Aguirre era pariente mÃo.
—¿Juan de Aguirre y Lazcano?
—El mismo. Era mi tÃo carnal.
—¿Qué se hizo de él?
—Debió morir. Yo he asistido a su funeral.
—¿Cuánto tiempo hará de eso?
—Pues, hará cerca de veinte años[118].
—No puede ser. Hace unos catorce o quince años, Juan de Aguirre vivÃa, y estaba, según me dijeron, en Ilo-Ilo.
—No creo que fuera él; me parece imposible.
—Yo no le he visto —repuso el capitán—, pero he conocido gente que ha hablado con él.
—PodrÃa ser una persona del mismo nombre.
