Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Y la Cashilda, mientras decÃa esto, le miraba a Recalde sonriendo, con sus ojos azules.
Recalde, el terrible Recalde, comprendió que allà no estaba en su barco, y se fue a navegar. Este caso ocurrido con mi camarada, ejemplo de la energÃa femenina luzarense, no me inducÃa a casarme, ni aun con la espiritual Barbarita[132].
Me contaron el proceso de este conflicto familiar entre Recalde y la Cashilda, en la relojerÃa de Zapiain, que era el mentidero de las personas pudientes del pueblo. Mi tÃo, el viejo Irizar, fue el que me llevó allÃ. TodavÃa no se habÃa fundado el casino de Lúzaro, que, después de una época de pedanterÃa y de esplendor, quedó reducido a una reunión soñolienta de indianos y de marinos retirados[133].
En la relojerÃa me enteré de cuanto pasaba en el pueblo. Casi todos los contertulios eran carlistas y fanáticos; yo no lo era; pero allà pasaba el rato enterándome de las vidas ajenas, y me entretenÃa. Mi norma era no discutir cuestiones de polÃtica ni de religión.
El que por las trazas debÃa de ser liberal, mucho más aún de lo que se mostraba en público, era el boticario Garmendia. No le convenÃa desenmascararse por completo; pero, en el fondo, no tenÃa ideas religiosas.