Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Garmendia no se atrevÃa a mostrarse francamente volteriano, y procedÃa en la conversación con insidia, por frases sueltas, por observaciones al parecer cándidas.
Los que más se indignaban con él eran dos carlistas cerrados, venidos del interior de la provincia: el uno, administrador de un tÃtulo; el otro, contratista de piedras[134].
El administrador se llamaba Argonz; el contratista, Echaide.
Garmendia les sacaba fuera de quicio con sus observaciones, al parecer ingenuas, pero de doble fondo.
El boticario decÃa, por ejemplo, que habÃa conocido algún protestante o judÃo, buena persona, y añadÃa que era para él muy extraño y muy triste que un hombre que profesaba una religión falsa pudiera ser mejor que muchos católicos.
—¿Qué importa que un hombre sea bueno o malo, si no es cristiano? —preguntaba Echaide, furioso.
—Hombre, sà importa.
—No importa nada —replicaba el otro—. Nada. Si no va a misa, no se puede salvar.
Garmendia les mortificaba continuamente. Lo mismo Echaide que Argonz eran muy aficionados a la sidra y al chacolÃ, y a toda clase de licores.