Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Es una lástima —les dijo una vez Garmendia— que los vascongados, a pesar de ser tan religiosos, sean tan borrachos.
—¡Mentira! —exclamó Echaide, poniéndose rojo de indignación—. El pueblo vascongado es un pueblo honrado, y los que le denigran son indignos de pertenecer a él.
—Son unos canallas —añadió Argonz, con los ojos fuera de las órbitas.
—No lo dudo —replicó Garmendia—. Soy tan vascongado como cualquiera, pero siento que a mis paisanos les pase lo que a los irlandeses, que son muy religiosos, pero les gusta demasiado el vino.
—¿Y qué? ¿Por qué no les ha de gustar?
Los dos carlistas exaltados comprendÃan que Garmendia era su enemigo, y uno de ellos dijo una vez, amenazadoramente:
—Lo que hay que hacer aquà es salir al campo con el fusil, y a todo liberal que se encuentre, ¡fuego!
—Y por la espalda —añadió el otro, con la cara inyectada de rabia.
El relojero era de estos hombres que a todo el mundo dan la razón, y, con su lente en el ojo derecho, movÃa la cabeza, en señal de asentimiento, a cuanto decÃan sus contertulios; pero, al marcharse los carlistas exaltados, murmuraba: